Conocí a Adolfo Feliz (Bonyó) el mismo día en que llegué a la mina de Larimar, en diciembre de 1987. Alegre, parlanchín, trabajador incansable y conocedor como nadie de los orígenes de la operación minera del Larimar. Fueron Ciego, Cástulo y Francés, seguidos días después por Bonyó, quienes recibieron la recomendación del Geólogo, miembro del Cuerpo de Paz, Norman Rilling y del artesano Miguel Méndez, para que en lugar de buscar el origen del Larimar en el mar, se dirigieran río arriba por el Riosito, que casi al llegar al mar se une con el río Grande para formar el río Bahoruco, el segundo más corto del país. Fueron ellos quienes localizaron el yacimiento que le ha dado reconocimiento mundial a Bahoruco, Barahona. Durante mis tiempos de inversionista en la mina de Larimar, siempre recibí de Bonyó apoyo y colaboración. Con el tiempo, su visión comenzó a mermar y cuando vinimos a traerlo al Instituto contra la Ceguera por Glaucoma (Incocegla), ya no había tiempo para la recuperación. Sus últimos años fueron de abandono por la Cooperativa a la que pertenecía y por muchos mineros y comerciantes del Larimar que pudieron haberle dado una vejez más digna. Sus hijos y unos pocos amigos le brindaron asistencia en sus años finales. Las gestiones ante el gobierno no tuvieron éxito para haberle dotado de una merecida pensión por razones humanitarias. Enterado de su muerte en esta fecha, pido a Dios que le dé el descanso eterno merece. Que su alma descanse en paz. César Amado Martínez Presidente de PRO-BAHORUCO
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